La anomalía china en los hechos

Eduardo Madroñal. Foto por Luis Huerres

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El ruido mediático busca que innumerables árboles nos impidan ver el bosque de los hechos. Pero si miramos los hechos, el desarrollo económico y social de China -y su política exterior- es una de las anomalías -más significativa e influyente- en los avatares del mundo. China representa un insólito caso histórico. Desde que el Partido Comunista de China (PCCh) tomó el poder en 1949, China se ha convertido en la única nación que ha ascendido al rango de gran potencia de forma eminentemente pacífica, sin provocar ni una sola guerra de agresión, sin poner en peligro la paz mundial. Al contrario, ha sido durante décadas un factor de paz y de estabilidad global.

Recordemos de manera telegráfica los bélicos surgimientos e implantaciones del dominio mundial de las potencias imperialistas desde finales del siglo XIX como Gran Bretaña y Francia, como Alemania y Japón, y -destacada, reciente y actualmente- las dos superpotencias Estados Unidos -la única ahora existente- y la URSS socialimperialista ya implosionada, que han supuesto dos guerras mundiales y una guerra fría, con un reguero sangriento de atropellos, agresión y explotación.

El PCCh ha celebrado su XX Congreso, y muchos progresistas y revolucionarios miran al gigante asiático con dudas e interrogantes. Por eso, más allá de la posición que se tenga acerca del Estado, el régimen y el gobierno chinos, más allá de la opinión que se tenga sobre su sistema político y de los derechos y libertades que tienen sus ciudadanos, es necesario partir de los hechos.

Los hechos

Hoy China es la gran potencia emergente del mundo, la segunda economía más poderosa tras EEUU (con un PIB de 15 billones y un crecimiento del 4%, pronto alcanzará el PIB estadounidense), y su influencia económica, comercial, política y diplomática no deja de aumentar.

Ese fulgurante desarrollo económico se ha dado de la mano de un gigantesco proceso de redistribución de la riqueza en beneficio de las clases populares. Mucho se menciona en Occidente la existencia de desigualdades y grandes fortunas en la sociedad china, pero eso no debe ocultar que China es el único país del mundo que ha sacado a 800 millones de personas de la pobreza, y que ha erradicado de su territorio la miseria extrema. Creando unas condiciones socioeconómicas -trabajo, vivienda, sanidad, educación y pensiones públicas- para el bienestar de la inmensa mayoría de la población, condiciones que también son derechos humanos, y que grandes potencias como EEUU niegan a sus ciudadanos.

Durante sus 70 años con el PCCh en el poder, China ha mantenido siempre y escrupulosamente una política internacional basada en los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica: “el respeto mutuo de la soberanía y la integridad territorial, la no agresión mutua, la no interferencia en los asuntos internos de otros países, igualdad y beneficio mutuos y la coexistencia pacífica”. Principios que han vuelto a ser remarcados en el XX Congreso por Xi Jinping, y que rigen la forma de comportarse de Pekín en la arena internacional. Cinco principios, corroborados por los hechos, que son antagónicos a la forma de actuar -guerras, injerencias, intervenciones, desestabilización y saqueo- de las potencias imperialistas.

Por el desarrollo económico mundial

La Nueva Ruta de la Seda es el mayor proyecto económico mundial, y en torno a él se tejen múltiples alianzas políticas ajenas al control de Washington. Tiene inversiones billonarias en todo tipo de infraestructuras que abarca y conecta a 60 países –combinando una ruta terrestre y una vía marítima– uniendo China con Europa a través de Asia Sur-Oriental, Asia Central y Oriente Medio. En la ruta se encuentra un 75 por ciento de las reservas de energía conocidas, afecta a un 70 por ciento de la población mundial y se genera un 55 por ciento del PIB mundial.

La creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB), al que ya se han adherido 57 países, es una alternativa frente al FMI y el Banco Mundial, dos de las principales instituciones cuyo control permite a EEUU mantener su actual hegemonía financiera. Al mismo tiempo que busca su propio desarrollo, China teje una red de intercambios y alianzas entre países del Tercer Mundo que ofrecen a multitud de naciones un punto de apoyo para zafarse del dominio de EEUU y de otras potencias imperialistas.

Al ser el principal impulsor de un nuevo orden mundial multipolar, basado en palabras de Xi Jinping en “el respeto mutuo, la coexistencia pacífica, la cooperación, y las relaciones de beneficio mutuo entre las naciones”, China es hoy la principal amenaza para la hegemonía de la superpotencia norteamericana y su orden mundial unipolar, y así lo reconoce explícitamente la nueva “Estrategia de Defensa Nacional” del Pentágono.

Juzguemos por los hechos

Las dudas, las preocupaciones -e incluso las críticas- hacia China desde los progresistas y revolucionarios son legítimas, pero es necesario partir de los hechos anteriormente expuestos para valorar el papel que en el mundo tiene hoy este gigante asiático.

“Si algún día China cambiara de color y se convirtiera en una superpotencia y si también actuara en el mundo como un tirano y perpetrara por todas partes atropellos, agresión y explotación, entonces, los pueblos del mundo deberían pegar a China la etiqueta de socialimperialismo, denunciar ese socialimperialismo, combatirlo y esforzarse junto con el pueblo chino para derribarlo.” Declaración solemne ante la Asamblea General de la ONU, en abril de 1974, realizada por Deng Xiaoping en nombre de China.

Mientras tanto, la emergencia del gigante asiático -basada en su independencia política y en la dirección del PCCh- está generando un fenómeno insólito en la historia del mundo: el ascenso pacífico, gradual y sostenido de un país al rango de gran potencia mundial, mientras contribuye a la paz, el progreso y la prosperidad mundiales. El presidente chino Xi Jinping ha declarado que: “China aplica una política de defensa nacional de carácter defensivo. Su desarrollo no supone amenaza alguna para ningún país. Y China jamás aspirará a la hegemonía ni practicará la expansión, sea cual sea su grado de desarrollo”. Los hechos, hasta ahora, hacen verdaderas sus palabras.