Tejiendo recuerdos: 55 mujeres reviven la nostalgia del Punto Industrial

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Un homenaje a Loli Romero, la voz que animaba los días


Entre susurros de recuerdos y abrazos cargados de décadas de separación, 55 mujeres de Alhaurín el Grande se reunieron en un emotivo reencuentro que trajo consigo el eco de un pasado tejido con hilos de trabajo, camaradería y sueños compartidos. Organizado por Antonia Rueda y Antonia Aragón, estas mujeres que compartieron décadas atrás su día a día en el Punto Industrial de Alhaurín de la Torre se han vuelto a encontrar tras medio siglo, el pasado jueves, 21 de marzo. Estas excompañeras, que desempeñaron un papel vital en la historia de esta destacada empresa textil malagueña, compartieron recuerdos y vivencias en un encuentro que rememoró tiempos pasados y estrechó lazos perdidos en el devenir del tiempo.

Loli Romero

La iniciativa de reunirse surgió a raíz del deseo de rendir tributo a Loli Romero, una de las compañeras muy querida por su ingenio para crear canciones y poesías. «Todo empezó porque queríamos hacer un pequeño homenaje a Loli Romero, le quisimos reconocer su ingenio para crear canciones y poesía de cualquier cosa», explica Antonia Rueda. «Siempre nos tenía entretenidas en los traslados; si había sacado una canción, ¡pues todas a cantarla!», agrega.

El Punto Industrial, fundado en 1965, se erigió como uno de los pilares de la industria textil en la provincia de Málaga durante mediados del siglo pasado. Su crecimiento fue vertiginoso, expandiéndose a diversas naves industriales y diversificando sus actividades para abarcar todo el proceso de fabricación textil. La empresa no solo dejó una marca indeleble en Alhaurín de la Torre, sino que también extendió su influencia a otras localidades de la Comarca del Guadalhorce, así como con sucursales en La Roda de Andalucía (Sevilla) y Santaella (Córdoba).

Antonia Rueda, una de las precursoras de este reencuentro, relata con voz entrecortada los recuerdos de aquellos años en el Punto Industrial. «Fue una empresa construida por un empresario catalán, Sánchez Pinilla», comienza, evocando el pasado con detalle. «Se fabricaban tejidos, se tintaban, estampaban, se cortaban las prendas y se confeccionaban. Incluso se fabricaba nappa, una fibra que solo se hacía en Alhaurín de la Torre, según yo tenía entendido, porque D. Alfonso compró la patente en Alemania. La nappa se enviaba a Valencia para el relleno de los asientos de los coches Ford«, describe con precisión los procesos que daban vida a la fábrica. Además, destaca el impacto que tuvo la empresa en la economía local y en la vida de las jóvenes de la época. «En aquellos años, finales de los 60, el horizonte de nuestros pueblos era nulo, no había horizonte para la juventud», lamenta, reflejando las limitadas oportunidades que enfrentaban en aquel entonces.

Contrato de aprendizaje de Antonia Rueda de fecha de 21 de agosto de 1967

Rueda recuerda con claridad los primeros días de la fábrica y la reacción del pueblo ante esta nueva oportunidad laboral. «Una vez que las niñas finalizaban la enseñanza primaria, había que buscarse la vida, no había nada, ni industria ni posibilidades para seguir estudiando», explica, subrayando la importancia que tuvo la llegada del Punto Industrial en el panorama local. Además, destaca el papel fundamental de las jóvenes trabajadoras en el desarrollo de la empresa y la localidad. «Las niñas de Alhaurín el Grande teníamos reconocido que éramos muy trabajadoras», añade con orgullo. Algunas hasta sacaban el doble de la producción exigida. Ayudábamos a la familia con nuestros sueldos y otras que no lo necesitaban se hacían una “cartilla” para ahorrar y comprar su ajuar”, indica.

El reencuentro, según relata Rueda, fue una celebración de la vida y de los lazos que perduran a lo largo del tiempo. «El jueves después de cincuenta y tantos nos reunimos para celebrar ‘la vida’, que estábamos allí, que podíamos vernos», comparte con emoción. «Fue un momento muy emocionante de encontrar compañeras que habíamos compartido experiencias del período de nuestra juventud», agrega.

María Badía rememora con nostalgia y alegría su trayectoria en el Punto Industrial. «Soy María Badía», comienza, evocando con emoción sus inicios a los 16 años en la fábrica junto a su hermana. «Estuve seis años trabajando en una cadena de batas», relata, describiendo el ambiente de camaradería entre las veinte jóvenes que compartían el turno. «Nos llevábamos estupendamente», enfatiza, recordando los viajes en autobús hacia la fábrica como momentos de diversión y complicidad.

Badía destaca el papel crucial que tuvo la fábrica en la economía local, proporcionando empleo y sustento a más de un centenar de familias en Alhaurín el Grande. Sin embargo, reconoce que con el paso del tiempo, muchas trabajadoras abandonaron la fábrica al casarse, siguiendo la tradición de la época. Badía resalta la felicidad y la gran amistad que reinaban entre las trabajadoras, elogiando la labor de las encargadas por su dedicación y calidez en la enseñanza.

El reencuentro de las excompañeras es calificado por Badía como un día maravilloso de convivencia y nostalgia compartida. «Ojalá que nos juntemos otro día», concluye con un anhelo sincero, resaltando el valor de esos lazos que perduran a lo largo del tiempo.

Pepi Guillén Gallego, otra extrabajadora, comparte sus recuerdos con Revista Lugar de Encuentro. «Fui trabajadora de Punto Industrial», comienza, con nostalgia. «Era una fábrica en la que se confeccionaba la ropa de señora, desde el principio hasta el final, o sea, desde el tejido hasta ponerla en los comercios», describe con entusiasmo. Pepi destaca cómo aquel lugar marcó su vida de manera profunda: «Allí pasé los mejores años de mi vida, puesto que adoraba mi trabajo. Allí conocí al que fue mi marido, con el que formé mi familia», comparte. Además, resalta la importancia del compañerismo y el ambiente laboral: «Tengo bonitos recuerdos de aquella época porque, aparte, tuve la suerte de tener buenas compañeras», añade. Finalmente, expresa su gratitud hacia Antonia por la iniciativa del reencuentro: «La idea que ha tenido nuestra compañera y amiga Antonia ha sido grandiosa, porque nos hemos encontrado con personas que hacía muchísimos años que no nos veíamos, sin ella no hubiese sido posible y se lo agradezco», concluye Pepi, con la esperanza de que este encuentro se repita en el futuro.

Por su parte, Carmen Bonilla destaca la importancia que tuvo el Punto Industrial en su vida y en la de sus compañeras. «Nos dio la posibilidad de comprarnos nuestra ropa, nuestro ajuar, etc. Esa eran las expectativas y lo logramos gracias a ese puesto de trabajo», recalca, resaltando la influencia positiva que tuvo la fábrica en la vida de muchas jóvenes de la época. Además, comparte su emoción al reencontrarse con sus compañeras después de más de 50 años. «Volver a sentirse joven al revivir momentos e intercambiar anécdotas que ya se habían perdido en su memoria es una experiencia única», expresa con nostalgia y alegría. Asimismo, agradece a las compañeras que organizaron el evento por hacer posible este emotivo reencuentro.

Antonia Rueda señala el impacto económico positivo que la fábrica tuvo en la localidad. «Todo esto animó a que algunas chicas comenzaran a prepararse, estudiaban inglés, taquigrafía, algunos años de bachillerato… pero todo era muy complicado», comenta, destacando el impulso que recibió la economía local gracias a las compras de las trabajadoras en los negocios del pueblo. «Los ajuares se compraban en el pueblo», añade, resaltando la contribución indirecta de la fábrica al comercio local.

La organizadora del reencuentro, Antonia Rueda, explica que en sus últimos años estuvo en administración hasta que se vino cuando iba a dar a luz a su primera hija y pidió una excedencia. Luego muy seguido tuvo a su segunda hija y pidió excedencia nuevamente. Cuando le tocaba volver, la empresa ya estaba en muy malas condiciones. Antonia ya no volvió y pidió la liquidación. El Punto Industrial no fue inmune a los vaivenes económicos de la década de los ochenta. La crisis energética de los años setenta marcó un punto de inflexión en su crecimiento, y tras enfrentar diversos desafíos, la empresa se vio abocada a aplicar expedientes de regulación de empleo que finalmente desembocaron en su quiebra y cierre definitivo en 1982. Tras el cierre de la fábrica, muchas de estas mujeres establecieron sus propios talleres en Alhaurín el Grande, contribuyendo así a su desarrollo y prosperidad, “y a que el municipio tuviera a toda su juventud prácticamente trabajando”, añade Rueda.

A pesar de su desaparición hace décadas, el legado del Punto Industrial perdura en la memoria de quienes formaron parte de su historia, como estas 55 mujeres cuyo reencuentro es un testimonio vivo de los lazos indestructibles que forjaron en aquellos años de trabajo y compañerismo. En un mundo cambiante, eventos como este resaltan la conexión humana y el poder de la nostalgia para unirnos en un abrazo emocional que trasciende el tiempo y el espacio. Así, estas mujeres se despiden llevando consigo los recuerdos y la certeza de que los lazos de amistad y compañerismo forjados en el Punto Industrial seguirán siendo indestructibles, uniendo el pasado, el presente y el futuro.

Fuente: Datos del Punto Industrial de Alhaurín de la Torre obtenidos de la Asociación de Amigos del Museo de Málaga, disponible en el folleto_texalha.pdf en el sitio web amigosmuseomalaga.es